Camina

La importancia de conocer las etapas del desarrollo

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Fotografia: Manu Vicente Pascual

¿Acudiríamos a un cirujano que no tenga ni idea de anatomía humana? La respuesta es clara: de ninguna manera. Sigamos preguntando. ¿Acudiríamos a una maestra que no sabe cómo aprende un niño? La respuesta seguiría siendo clara: de ninguna manera. Entonces, ¿por qué un padre o una madre que tiene una tarea de educar lo que más quieren en el mundo no saben cómo es un niño?

La sociedad actual ha tendido a delegar estos procesos a las escuelas y otros agentes sociales, desempoderándose como família. En los últimos años parece estar cambiando esta tendencia, mostrando mayor interés de los progenitores en los procesos implicados en el desarrollo de los niños y niñas. Es esta entrada daré un mapa muy simplificado de las etapas del desarrollo y de las características principales de cada una de ellas. Es nuestra obligación como padres y madres conocerlas y reconocerlas en nuestros pequeños. Es imprescindible para acompañarles correctamente sin generar quiebres presentes y futuros (problemas emocionales, bloqueos de aprendizaje o de autoestima y autoconcepto).

En algunas ocasiones alguna familia me preguntaba irónicamente porqué no nacían los niños con un manual de instrucciones bajo el brazo. Nadie nace con el conocimiento de ser padre o madre pero si con la intuición natural. Mi respuesta era que existen muchísimos “manuales de instrucciones” pero hay que saber buscarlos. En mi caso me ayudó mucho la carrera de psicología y ser profesor universitario en la materia, evidentemente, pero también algunos libros que iré recomendando en el bloc y en el libro que estoy escribiendo.

Durante años se ha estado estudiando el desarrollo humano. En los últimos años el estudio de las neurociencias y la implicación en la educación no ha dejado de crecer. Saber las características del momento de la vida en que se encuentra la persona es clave para poder relacionarnos de manera óptima y con un sentido de empatía altísimo.

Me gustaría compartir con vosotros un ejemplo muy claro que yo he vivido como cualquier docente de secundaria. Pongámonos en situación. Imaginemos una clase de veinticinco chicos y chicas de doce o trece años en una clase de secundaria. El profesor explica una actividad:

“Ahora vamos a hacer grupos de cuatro personas para investigar más sobre las emociones. Para investigar podréis utilizar los móviles”.

Dicho esto, es casi seguro que más del 50 % de los chicos y chicas meterán mano en el bolsillo o mochila para sacar el móvil dejando de escuchar la explicación que continúa haciendo el profesor. El profesor se enfada con el grupo y les riñe:

“¿Alguien ha dicho que ya podíais sacar el teléfono? ¿Podéis estaros quietos y escuchar? Es que no he dicho ni dos frases y ya no escucháis, ¿eh?”.

La clase ya comienza con un ambiente emocional negativo. ¿Qué es lo que ha ocurrido aquí? La respuesta es muy sencilla: “lo que tenía que pasar”.  Si el docente sabe y entiende que en ese momento del ciclo vital se está produciendo una revolución neuronal en el lóbulo prefrontal y que se caracteriza manifestándose conductualmente en impulsividad, seguramente su predisposición, explicación y resolución se adaptaría al momento evolutivo de los chicos y chicas del aula.

En mi experiencia en el aula, a menudo les comentaba que si eran impulsivos era por el momento del ciclo vital que estaban viviendo. Y que si sentían esa necesidad de satisfacer un impulso era porque el crecimiento de su cuerpo y de su cerebro así lo predispone. Saber que son capaces de entender esto les ayudaba a sentirse comprendidos y a que ellos mismos fueran conscientes en su identificación. A menudo, si me sucedía algo así el el aula, con sólo decir: “vuestro lóbulo prefrontal os está dominando, ¿verdad?”, eran capaces de controlar ese impulso entre sonrisas. El clima del aula era tranquilo y se vivía esa impulsividad como una oportunidad de identificarnos en su propio desarrollo y como algo fruto del ansia por aprender y por participar.

Así, conocer el momento del desarrollo en que se encuentra nuestro hijo o hija o nuestro alumnado nos dará muchas herramientas. En el libro que estoy escribiendo, lo detallaré con ejemplos, pero permitidme alguna recomendación:

PIAGET, J. (1985): Escritos para educadores. Barcelona. Editorial Eumo.

PERINAT, A. (2014): Psicología del desarrollo. Un enfoque sistémico. Barcelona. Ed. UOC.

¡Un abrazo!

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